Portafolio de inversión: qué es y cómo empezar.
- David García

- 23 oct 2025
- 4 Min. de lectura
Tu patrimonio neto representa la diferencia entre los activos que posees y tus pasivos. Aumentarlo no depende únicamente del ahorro, sino de la capacidad de generar rendimientos sobre tu capital. En este sentido, el portafolio de inversión que diseñas y ejecutas se convierte en una herramienta estratégica, donde el objetivo es que tu dinero trabaje para aumentar tu patrimonio con el tiempo a través de los rendimientos obtenidos.

¿Qué es un portafolio de inversión?
Un portafolio de inversión es la combinación de distintos activos financieros seleccionados para alcanzar objetivos específicos, equilibrando rentabilidad y riesgo. No existe un portafolio universal o ideal, ya que su composición depende del perfil de cada inversionista. La estrategia de inversión individual debe considerar el horizonte de tiempo, la tolerancia al riesgo y las metas financieras.
En este sentido, una persona joven con horizonte de largo plazo podría priorizar instrumentos de mayor riesgo y rentabilidad potencial, como acciones o fondos indexados. A diferencia, un inversionista cercano al retiro podría preferir optar por la estabilidad, diseñando un portafolio de renta fija, bonos gubernamentales o fondos conservadores. Mientras que un inversionista con hijos pequeños podría preferir una combinación intermedia, con activos líquidos para contingencias y una parte destinada a crecimiento a largo plazo.
Qué puede incluir un portafolio de inversión
Los portafolios suelen incorporar distintos tipos de activos, buscando un balance entre las condiciones del mercado, el desempeño de las inversiones, las metas y nivel de riesgo del inversionista. Un portafolio diversificado podría incluir:
Acciones: representan participación en empresas; ofrecen potencial de crecimiento, aunque con mayor volatilidad.
Bonos: instrumentos de deuda emitidos por gobiernos o empresas; proporcionan ingresos predecibles y menor riesgo.
Fondos y ETFs: vehículos diversificados que agrupan varios activos, facilitando la exposición a diferentes mercados con bajo costo operativo.
Inversiones inmobiliarias: propiedades o fideicomisos de inversión en bienes raíces (Fibras), útiles para diversificar con activos reales.
Criptomonedas: activos digitales de alta volatilidad que pueden representar una fracción pequeña del portafolio con perfil especulativo.
Metales como el oro o plata: tradicionalmente utilizados como resguardo de valor ante inflación o incertidumbre económica.
La diversificación de los portafolios es esencial, ya que la distribución de los recursos entre distintos instrumentos, sectores y regiones, reduce el impacto de la volatilidad de un solo activo y estabiliza el rendimiento global del portafolio.
El rebalanceo del portafolio: mantener el rumbo financiero
Con el tiempo, los rendimientos de ciertos activos modifican la proporción original del portafolio. El rebalanceo consiste en ajustar esas proporciones para regresar al nivel de riesgo deseado, manteniendo la estabilidad y coherencia de la estrategia. Por ejemplo, si las acciones crecen más rápido que los bonos, el portafolio podría volverse más riesgoso de lo planeado.
Rebalancear implica vender parte del activo que más creció y redistribuir hacia el resto. Este proceso se realiza generalmente una o dos veces al año, dependiendo del movimiento de los mercados y del perfil del inversionista.
Los sesgos que sabotean tus inversiones
Nuestras decisiones de inversión no siempre se rigen por la lógica financiera, por el simple hecho de ser humanos. Entender y concientizar que tomamos decisiones a partir de sesgos cognitivos puede ayudarnos a diseñar mejores estrategias que permitan optimizar nuestro patrimonio.
Aversión a la pérdida: Los humanos (en general) solemos sentir más el dolor al perder que la satisfacción que sentimos al ganar. Esto nos lleva a evitar inversiones y oportunidades que nos podrían ayudar a crecer.
Sesgo de status quo: Generalmente preferimos mantener las cosas como están, incluso cuando una redistribución del portafolio (o empezar a invertir) sería más eficiente para nuestro patrimonio.
Mentalidad de rebaño: Esta es la tendencia que tenemos a imitar decisiones populares sin llevar a cabo un análisis propio, lo que puede llevarnos, en algunos casos, a tomar decisiones no óptimas para nuestros intereses y metas.
Exceso de confianza: Desafortunadamente hay muchas ocasiones en las que creemos que podemos predecir el comportamiento del mercado o tomar mejores decisiones que los expertos, lo cual muchas veces no resulta cierto.
Reconocer estos sesgos nos puede ayudar a tomar decisiones más objetivas, apoyándonos en datos y estrategias, o consultando con un experto confiable que pueda orientándonos a partir de nuestras metas, personalidad y necesidades.
Primeros pasos para crear tu portafolio de inversión
Definir tus objetivos financieros: Empieza entendiendo por qué estás invirtiendo y define tus objetivos a corto, mediano y largo plazo. Por ejemplo, construir tu retiro, enviar a tus hijos a la universidad, comprar una casa, empezar un negocio, etc.
Evaluar tu tolerancia al riesgo: Esta evaluación es importante para que conozcas tus emociones ante potenciales pérdidas, lo que te permitirá diseñar un portafolio que se ajuste a tus necesidades. Es importante reconocer que toda inversión conlleva riesgos, sin embargo, la inacción podría hacerte perder oportunidades.
Elige una plataforma o cuenta de inversión: Investiga las diferentes opciones que tienes para comenzar a invertir según tus objetivos. Hoy existen sin fin de soluciones que permiten comenzar a invertir sin grandes capitales iniciales, sin embargo, es recomendable que te asesores o investigues bien para evitar propuestas no reguladas o fraudulentas.
Seleccionar una combinación de activos: Según tus metas, perfil de riesgo, horizonte de tiempo y el mercado, deberás buscar un equilibrio entre rentabilidad y estabilidad. Diseña un portafolio diversificado que te permita optimizar.
Revisar y rebalancear: La clave de las inversiones es el interés compuesto. Revisa tu portafolio cada ciertos meses y, de ser necesario, realiza el rebalanceo pertinente según el desempeño del mercado y tu estrategia financiera. (No es recomendable hacer revisiones tan seguidas para evitar estresarse ante fluctuaciones en el mercado a corto plazo). Recuerda los sesgos cognitivos al momento de tomar decisiones. Asesórate cuando consideres que puedes beneficiarte de la orientación de un experto.
Contar con el acompañamiento de un asesor financiero profesional puede facilitar la evaluación del portafolio y la correcta implementación de la estrategia.



